Opinión | Embarazos precoces, abusos y recirculación de la pobreza en Honduras

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Por: Isabel Soto Mayedo

Embarazos precoces, abusos sexuales, alejamiento de las aulas y recirculación de la pobreza pesan en grandes dimensiones sobre las mujeres en Honduras, el segundo con mayor cantidad de niñas en camino a ser madres en América Latina.

Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), una de cada cuatro adolescentes sale embarazada antes de los 20 años de edad en este país centroamericano, el segundo más impactado por esta problemática en el continente.

De acuerdo con el informe Estado de la Población Mundial de Unfpa la tasa de nacimientos en este país centroamericano es de 108 por cada mil mujeres, la mayoría de estas de 15 a 19 años de edad y la mitad embarazadas como resultado de violaciones sexuales.

El documento añade que 14 por ciento de estas jóvenes están matriculadas en el sistema de enseñanza, situación que se complica en el área rural, donde son menores los niveles de cobertura de la educación.

Precisa que en muchos de estos casos las adolescentes pueden presentar cuadros de depresión y ansiedad, debidos a las críticas y al rechazo que puedan recibir por parte de la sociedad y hasta de su misma familia.

Autoridades de la Clínica de la Adolescente Embarazada del Hospital Escuela Universitario de Honduras aseguran que los abusos sexuales provocan 24 por ciento de esas gestaciones en niñas y adolescentes.

"A nivel nacional las violaciones contra las adolescentes oscilan de 11 y 12 años de edad. Estas son ultrajadas por sus padres, padrastros, amigos o familiares cercanos", declaró la coordinadora de la unidad, Ana Raquel Gómez.

La desintegración familiar, la ignorancia y el asilamiento son algunos de los factores que llevan a la multiplicación de esos casos, los cuales casi siempre terminan en embarazos no deseados, agregó, citada por el diario El Heraldo, en la edición del 24 de enero de 2015.

Comentó que, debido a la gran demanda que reporta, la Clínica de la Adolescente Embarazada carece de medicamentos necesarios para el control de las menores de edad en estado de gestión.

En tanto directivos del Hospital Escuela Universitario confirmaron que en ese centro asistencial atienden cada día de 16 a 18 adolescentes embarazadas.

Estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe constataron que la maternidad toca a las puertas de 25 por ciento de latinoamericanas y caribeñas de 15 a 19 años de edad por la ineficiente educación sexual que reciben desde la cuna.

Los preservativos y otros métodos anticonceptivos son casi desconocidos por las jóvenes en ese rango etario, en el cual la maternidad asciende al 76,2 por ciento, cifra superior a la registrada a escala global (52,6 por ciento).

Esas investigaciones, en las cuales participaron colaboradores de la Organización Iberoamericana de Juventud, confirmaron que las madres menores de 20 años provienen generalmente de los sectores sociales menos favorecidos en el orden económico, suelen haber afrontado más dificultades para acceder a la instrucción y otras apenas recibieron esta.

Casi siempre esas menores de edad procrean y terminan obligadas a asumir la subsistencia de hogares uniparentales, sin opciones legales de protección social.

La organización de apoyo a la niñez en riesgo social, Casa Alianza, asegura que en el caso de Honduras unas 20 mil menores de 23 años están despojadas de futuro por cuanto sus días transcurren en medio de jornadas laborales extenuantes, como empleadas domésticas.

Gran parte de estas potenciales madres apenas rebasan los 12 años de edad y el alejamiento de las aulas constituye un freno para su desarrollo como ser social, lo que a la larga incidirá en la recirculación de la pobreza.

Constantes amenazas sobre estas menores de edad son el abuso sexual, el físico y la sobrecarga de trabajo. De hecho, más del 5,1 por ciento de ellas fueron violadas por miembros de la familia para la cual trabajan, señaló el director de la agrupación civil, Manuel Capellín.

Reportajes del diario La Tribuna muestran que las infantes trabajadoras domésticas deben lavar, planchar, cocinar, limpiar pisos; cuidar niños, ancianos o discapacitados; bañar perros, hacer compras y cargar bolsas, entre otras actividades que atentan contra su desarrollo físico y mental.

Pese a la multiplicidad de labores, ellas ganan salarios por debajo de las dos mil lempiras (unos 105 dólares), lo cual representa menos de la mitad del salario mínimo en Honduras, que oscila de 241.91 a 374.93 dólares.

Por lo general, las niñas empleadas domésticas abandonaron sus estudios y enfrentan largas jornadas, bajos salarios y la negativa de licencias o descansos cuando se enferman no obstante a lo estipulado al respecto en el Reglamento sobre Trabajo Infantil.

Ese cuerpo legal consiente la contratación de quienes tengan 14 años de edad, aunque limita la jornada a seis horas diarias y prohíbe el trabajo nocturno para los menores de 18 años.

Sin embargo, en virtud de esta los mayores de 16 y menores de 18 pueden laborar hasta las 8:00 de la noche sin afectar su asistencia regular a un centro docente o su salud física y moral.

El reglamento prohíbe el empleo infantil en el transporte, la construcción, coheterías, la extracción de moluscos y el campo doméstico, considerado una de las peores formas de trabajo, pero tales restricciones son violadas de forma continúa.

Unos 115 millones de infantes de todo el mundo ejercen labores peligrosas para su salud, seguridad y moralidad, y casi 400 mil de ellos son hondureños, denunció la Organización Internacional del Trabajo.

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